sábado, 16 de agosto de 2008

Bienvenidos al África

Necesito aprender el gentilicio correcto. Ni bien tenga acceso a internet –verdadero acceso-, lo busco. Mientras tanto, permítaseme el namibiense. Lo que pasa es que siendo Namibia mi nueva casa, me siento un tanto culpable por no haberlo averiguado ya.

Llegué el jueves 14 de agosto a las 8 de la noche. El avión venía demorado de Johannesburgo, porque había dos pasajeros, padre e hijo, que se llamaban Pablo Boquete, y aparentemente esto superaba a South African Airways. Ni siquiera teniendo en cuenta que los números de pasaporte de estos gallegos eran distintos, ni que tampoco su segundo apellido coincidía. Simplemente habían dado de baja del sistema a uno de ellos, no sin antes emitirle un boarding pass y dejarlo subir al avión. Finalmente, hicieron bajar a los dos, aduciendo exceso de peso. El avión tenía por lo menos 10 asientos vacíos, y era de los chiquitos, un CRJ de 40 asientos, calculo. Bienvenido al África, me dije.

En el Chief Hosea Kutako, Aeropuerto Internacional de Windhoek, me esperaban el chofer de la oficina, Matthew, y mi nueva asistente, Nicole, una chiquita canadiense que está haciendo una pasantía en la UNESCO y por lo tanto proporciona mano de obra barata. Ya quisiera yo haber sido recibido así cuando llegué a Canadá en 2002, casi sin plata para el taxi. Bienvenido al África.

El jefe Hosea Kutako, el del aeropuerto, fue un jefe de la tribu de los Herero que, si no me equivoco, combatió a las tropas coloniales alemanas. En esa guerra murieron, a fines del siglo 19, alrededor del 85% de los miembros de su tribu, empujados por la Schütztruppe a una muerte terrible en el desierto. Estimo que éste habrá sido el primer genocidio alemán. Al menos ya el gobierno alemán pidió disculpas por esto, en 2004... En esto de los genocidios, África fue pionera e innovadora. Me recuerda la experiencia de hace dos años en la Isla de Goré, frente a Dakar, en Senegal. El puerto de salida de los esclavos hacia América. Otro escenario genocida. Bienvenido al África.

Llegué de noche a mi departamento, alquilado a un funcionario del Ministerio de Agricultura, amigo de la UNESCO. Me había mandado las llaves al aeropuerto con Nicole, que me había conseguido el contacto, porque no había nadie para recibirme en la casa. Todavía hasta hoy no vi a mi landlord, ni le pagué, ni siquiera un anticipo. Bienvenido al África.

El departamento está bien, no le sobra nada, le falta internet, aunque Greg, el dueño, me había dicho por email que tendría acceso. Quizás haya que entrar a la casa principal para ello, lo sabré el lunes cuando Greg vuelva de la playa. El tema de internet es un problema. El viernes estuve usando internet en mi nueva oficina, y me resultó lentísima. Pero no es solamente que me malacostumbré a los estándares canadienses, sino que resultó ser bastante más lenta que la de la casa de mis suegros en Ezpeleta. Aparentemente, esto no es otro “bienvenido al África”. Es un “bienvenido a la UNESCO”, ya que según me explican la conexión de la oficina no es via un proveedor comercial, sino una red académica conectada a París a través de un nodo concentrador de todas las oficinas del continente en El Cairo. Mi pregunta acerca de la probabilidad de que esto cambie fue respondida con un silencio piadoso. Lo que pasa es que cada día se hace más dificil vivir sin internet. No consigo hablar con mi familia en Argentina. No consigo buscar direcciones ni teléfonos que necesito. Todo está en internet. Para cuando tenga casa, telecom namibia me ofrece ADSL de 1Mb/s (el más rápido disponible) a 1100 dólares namibienses, unos 150 dólares de los verdes de verdad, por mes, si firmo un contrato por 2 años. En un contrato de 1 año, se me va a 200 dólares mensuales. Una bicoca. Bienvenido al África.

El viernes me levanté tarde, consecuencia del jet lag al que ya me debería acostumbrar, pero me niego. Pasé la mitad de la noche desvelado, leyendo, entre las 3 y las 6, y solamente dormí antes y después. La novela luminosa, de Levrero, un uruguayo, que me regalaron Lautaro y Kathi. El tipo se pasa las noches escribiendo su diario describiendo las dificultades que tiene para escribir. Me contagió y acá me ven, me puse a escribir, sin dormir. Llegué a la oficina sobre el mediodía (mi primer día de trabajo oficial es recién el lunes), para descubrir que los viernes se trabaja solamente hasta las 2 y cuarto. Los demás días, de 8 a 5 con pausa en el medio para irse a comer a casa. Esto sí que es vida. Bienvenido al África.

El tiempo en la oficina me alcanzó para que me hagan la credencial de acceso al UN House, donde se encuentran las oficinas de la UNESCO, al igual que de las restantes agencias del sistema. Un edificio flamante, que no debe tener más de un año, íntegramente construido por empresas contratistas chinas. Bienvenido al África.

Me quedé hasta las 5 de la tarde luchando con la internet y ordenando mi oficina. Alex, mi predecesor, había dejado bastantes cosas personales, y en general la oficina tenía un desorden que no era el mío. Tal vez solamente quise marcar el territorio, pero me puse a ordenar en seguida y quedó bastante mejor. Todavía tengo que decidir si cambio un mueble de lugar, creo que sí, lo voy a hacer, aunque me da un poco de vergüenza esta estrategia territorial tan evidente. La oficina es linda, más grande que la de Montreal, con una pequeña sala de reuniones a la entrada, y una ventana con vista a Klein Windhoek. La vista al cementerio de nuestra señora de las nieves era más bonita y más verde. Sin embargo, todo indica que no voy a extrañar mi vieja oficina. No todo lo que brilla es oro, ni lo que tiene buena vista vale el esfuerzo.

Al fin pude hablar con Sole, que me llamó por Skype al celular. Sí, camino a mi departamento, viniendo del aeropuerto, ya había pasado por un supermercadito y comprado un chip por 20 dólares namibienses que venía con 19 dólares de tarjeta precargada. El chip en sí me salió entonces un séptimo de dólar US, algo menos de 50 centavos argentinos. Lo instalé en mi teléfono y funcionó instantáneamente. El chip de Personal que compré el año pasado en Buenos Aires me salió 15 pesos, y tardó 3 días en activarse. Y ahora van a pedir huellas digitales para comprar una línea de celular, como pedía el “ingeniero” Blumberg... instantáneamente, la Argentina va a estar más segura. O habrá que cuidarse los dígitos. Bienvenido al África.

A media cuadra de la oficina hay un supermercado, así que al salir me fui a proveer de los insumos básicos para mi vida de soltero: cerveza y fiambres. Y algunas otras cosas, de menor importancia. El supermercado me sorprendió por su nivel. Hay de todo. Muchísimas cosas importadas, especialmente de Alemania. De Sudáfrica no cuenta porque hay unión aduanera, si hasta se pueden usar los billetes de Rand en forma indistinta a los de Dólar namibiense, 1 a 1. Convertibilidad, cómo te extrañaba! Ahora que lo pienso, no te extrañaba un carajo. Igual, si te extrañara, me voy a Buenos Aires y divido por tres. 1 a 3, se llama Konvertibilidad. Es que nadie se acuerda como terminó la primera? A nadie se le ocurre otra política? Bienvenidos al África.

Lo más interesante en cuanto a productos que conseguí en el super es algo llamado biltong, que es como un charqui africano. Sabroso, ideal para acompañar con cerveza. Hablando de cerveza, estoy haciendo una especie de degustación para decidirme acerca de cuál va a ser mi cerveza namibiense de cabecera. Hasta ahora probé la Windhoek Lager, la Windhoek Special y la Windhoek Draught. Son todas bastante buenas. En Argentina serían premium, porque cumplen con la ley alemana del “Reinheitsgebot” de 1516, solamente agua (mineral), malta de cebada, y lúpulo. Yo preferiría una pilsener (voy a extrañar la Urquell), pero me quedo en principio con la Windhoek Draught, que viene en latas de 440ml. Todavía me falta probar la Tafel Lager, y averiguar si hay alguna otra marca. Hay varias sudafricanas, voy a ver si las pongo en competencia más adelante. También se consiguen alemanas, como la Erdinger Weissbier, pero no es justo incluirlas en la competencia.

Y hablando de comida, a pesar de todas las provisiones adquiridas, sigo cenando fuera. Hasta ahora, fui las dos noches a cenar a Joe’s Beerhouse, un boliche de turistas y blancos (= ricos) donde todo bicho que camina va a parar al asador. Tiene la gran ventaja de quedar acá a dos cuadras. Y se morfa bien. El jueves comí un bife de cebra, sabroso, si bien un poco duro. El viernes, un bife de pez espada. Sabroso, si bien un poco duro. Parece que hay una tendencia. Cada plato sale más o menos lo mismo que el bife en Justo Corrientes (qué buen bife, uno de los mejores que recuerde!), antes del descuento del club de lectores de La Nación. Espero más adelante aventurarme un poco más lejos, sobre todo porque la carta no es muy larga, y porque a este ritmo me como la minivan. Igual, conociéndome, hoy termino cenando de nuevo ahí. Quizás porque hoy me enteré de que el restaurante argentino El Gaucho cerró recientemente (y eso que no se llamaba Casa Gaucho como el de Montreal. A todo esto, sólo hay gauchos en Argentina?). O quizás es como diría mi viejo, la ley del menor esfuerzo.

El sábado los negocios cierran al mediodía. Algunos a las 10 y media (los bancos) –para qué abren, me pregunto-, otros llegan hasta las 2 de la tarde. A pesar de que hoy me desperté a las 6 y media, no pude salir temprano. Me quedé leyendo la Lonely Planet hasta casi las 9 (hacía mucho frío para levantarse), y después lavé la ropa. Sorprendidas estaban las camisas de verse colgadas al sol, por primera vez en su existencia (iba a poner vida, pero aceptémoslo, las camisas no son seres vivientes)! Bienvenidas a África!

A eso de las 11 estaba en el centro, que queda a 10 minutos de taxi. No tenía muy en claro a qué iba, pero supongo que se trataba de una especie de misión de exploración y descubrimiento. Había pensado en ir a ver autos usados, pero lo descarté. No sé bien porqué, pero lo descarté, supongo que por vago. O porque no estoy preparado todavía. Todavía ésta no es mi casa, aunque no sé cuál es. Recorrí el Post Street Mall, que es la peatonal, y algunos otros lugares del centro. Había estado ahí la única vez que vine a Namibia antes, en marzo, pero entonces esto era un proyecto todavía un tanto difuso. Hoy es una realidad, y ya debería empezar a hacerme cargo de ello. Entré a varios negocios, para calmar la ansiedad de consumo. No de consumo real, sino de consumo potencial. Verifiqué que podría comprar casi todo lo que se me podría ocurrir comprar, desde copas Riedel hasta toallitas descartables de Pampers, pasando por las zapatillas Puma rojas de Ferrari y la camiseta original del Arsenal, no el de Sárandi, el Ársenal original, los gunners, el equipo de mi amigo Venkat. También había equipos de música para enchufar el iPod, accesorios para la Kitchenaid, pavas eléctricas, y otras pavadas. Verifiqué que, si quisiera, me podría comprar una máquina de espresso italiana, y una cafetera de pistón. Ah, y la cubetera de silicona para hacer cubitos con forma de estrella (me dirán que entonces, no son cubitos, son estrellitas, pero no, cubitos lo define mejor), así como esas garrafitas de propano para camping que uno siempre puede necesitar. También vi los zapatos CAT que me acabo de comprar el martes en Grimoldi, y docenas de ojotas Crocs, de las de endeveras, las canadienses, no las truchas. De paso, compré espuma de afeitar Gilette para piel sensible. La misma que uso en Montreal. Usaba. Y en Buenos Aires. Uso. La globalización, qué maravilla. La mía, digo. La otra, se ve reflejada en que lo que me costó encontrar fueron productos namibienses. Sí, claro, ya mencioné el biltong, pero a parte de eso, solamente artesanías. Y la Lonely Planet me pincha el globo, sosteniendo que las que se venden en el Post Street Mall son importadas de Zimbabwe!! Claro que es verdad que no me aventuré a las joyerías. Diamantes y piedras semi-preciosas pertenecen a un dominio que solamente exploraré cuando llegue Sole, y aún entonces, bajo protesta. En este punto éstos parecen ser los únicos productos namibienses. El otro debe ser el turismo, y yo no estoy para eso, porque no soy turista. ¿Porqué insisto entonces con la Lonely Planet? ¿Acaso no puede uno ser turista en su propia casa? En fin, el turismo también lo dejo para cuando lleguen Sole y los chicos. Bienvenidos al África, aunque falte demasiado tiempo, casi un mes.

En las librerías, la globalización se expresa de manera singular. Claro que se encuentran todos los bestsellers en Namibia. Pero también muchísimas Lonely Planet, aunque no sean Lonely Planet. En inglés, en alemán, en francés, en italiano. Nada en español, sin embargo. Coño, que la globalización no ha llegado a finisterre. Y eso que estamos claramente en culis mundi. La globalización de las librerías trae consigo también muy buenas ediciones de autores locales. Pensándolo bien, las librerías han sido pioneras en globalización. Esa otra globalización, la del acceso. No la de las puertas cerradas.

El idioma oficial de Namibia es el inglés. Sin embargo, no es el más hablado. La SWAPO, cuando tomó el poder tras sacarse de encima a los invasores sudafricanos, se encontró en 1990 frente al dilema del idioma. El Afrikaans era entonces la lengua más hablada, la lingua franca impuesta por el colonizador, y lo sigue siendo hoy en día. Las otras lenguas, indígenas, propias, eran principalmente dialectos del Bantu o lenguas Khoisan. Solamente el 2% de la población hablaba inglés. Sin embargo, la globalización pudo más. Namibia optó por el idioma del business. Y lo impuso sobre todos los demás. La justificación esgrimida fue que ningún grupo étnico se viera favorecido con respecto a los demás. Hay que admitirlo, es una buena razón, la de la paz social. Aunque le facilite el juego a la globalización. Fui entonces a la librería alemana a comprarme libros de idiomas. Me había propuesto empezar a aprender Afrikaans y tal vez Oshiwambo. Rápidamente encontré libros y DVDs para aprender Afrikaans, nada para los otros idiomas locales. Este simbolismo pudo más, y abandoné mi propósito por el momento. Ya veremos más adelante.

Volví (a “casa”) y la ropa ya estaba seca. Me senté a leer al sol del atardecer, bajo el canto de docenas de pajaritos. Un placer. Si hasta tomé un poco de color hoy, a pesar de que es invierno. Parece que Namibia tiene una de las más altas incidencias de cáncer de piel en el mundo (Esto no lo leí en la Lonely Planet, es fruto de mi incansable búsqueda en internet). Después opté por entrar, y me puse a escribir, y acá estoy. Ya es de noche y en cualquier momento debería salir para Joe’s Beerhouse, no vaya a ser que me extrañen en la barra. Volverme habitué de un lugar ayuda también a sentirme un poco más en casa.

Acá no hay transporte público en el sentido que lo conocemos. No hay colectivos ni, obviamene, subtes. Windhoek tiene algo más de 200 mil habitantes, pocos más que el edificio de la calle Lezica en el que viví en una vida anterior. Subtes no necesita. De hecho, casi no hay tránsito. Se llega de una punta a la otra de la ciudad en menos de diez minutos, o al menos eso es lo que se supone. La función de transporte para los sin-auto, entre los cuales espero contarme el menor tiempo posible, la cumplen los taxis. Circulan por las avenidas levantando pasajeros hasta que se llenan y los van depositando por órden geográfico de destino, supongo. Si vas al centro o no los hacés desviar de las avenidas, te cobran el equivalente a un dólar US. Si tienen que desviarse, o van en dirección a las afueras, cobran 2. En cualquier caso, más barato que un colectivo en Montreal. Pero más caro que el blanquito semirrápido de Ezpeleta al correo central. En Namibia, según la Lonely Planet, fuente de toda razón y justicia, el 55% de la población sobrevive (¿?) con menos de 2 dólares por día. Bienvenido al África.

Hoy es el cumpleaños de mi hermana, Martina. Le mandé un email pero me rebotó, Sole dice que la dirección de ciudad.com.ar la dio de baja hace más de 2 años. Feliz cumple, Marti!

A la noche hace frío. De hecho ahora son las 6 y media de la tarde y la verdad, tengo frío, con mi pulóver de hilo. Por suerte, no traje campera, ni ningún otro abrigo. Creo que me voy a poner encima la remera de los Canadien, que si sirve para jugar al hockey sobre hielo debe dar algo de calor. Y además es azulgrana.

El lunes empezaré con los trámites, visa, documentos, luego reunión con la mudadora. Tengo que reportarme al consulado en Pretoria, abrir una cuenta bancaria, conseguir que me paguen mi subsidio de instalación, hablar con el colegio de los chicos, contactar inmobiliarias para empezar a buscar casa, buscar un auto para comprar. Mientras tanto, tengo que contactar a Federico para ver si hay alguna novedad en Montreal por la venta de la combi (les conté que no la pude vender?). Ah, al medio día tengo reunión con la directora de la oficina, mi nueva jefa. Para finalizar, a la tarde hay una despedida de una colega que se va a otra oficina, creo que a Zambia. Ahí tendré la oportunidad de conocer a todos, incluyendo a la que se va. Todo esto es lo que me tiene a mal traer y me despierta por las noches, tal vez no sea el jet lag. O tal vez sea simplemente que me faltan Sole y los chicos.

A todo esto, qué bueno esto de escribir. Si hasta parece calmarme un poco la ansiedad. El escenario ese de salto al vacío frente al que me encontraba el miércoles, parece más calmo. He dado un gran paso adelante (estaba parado al borde de un abismo…).

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Las palabras del “filósofo K” JP Feinmann (“no hay pelotudo que no tenga un blog”) me llenaron de aliento y casi me obligaron a disparar este blog.
También el recuerdo de mi abuelo Valentin, que se entusiasmaba con la idea de que yo alguna vez fuera periodista como él. No llegué a tanto, pero así al menos puedo ser cronista, y maltratar el lenguaje a mi manera, mientras cuento mis vivencias y les paso mis ansiedades a ustedes.

Volverían a leer otro capítulo de este diario? Alguna vez se me volverá a ocurrir algo para escribir? Comenten, por favor, que para eso es un blog!

10 comentarios:

marferpol dijo...

Seguí escribiendo (pero no las 24 horas). Se oye tu voz al leer. Y se entrevé algo, también.

Anónimo dijo...

mi queridisimo amigo naboiense por adopcion, la verdad que fue sumamente descriptivo tu relato, casi me hace sentir que estabas en un lugarcito tipo mexico un poco peor... me impresiona lo de la cebra, no se me habia ocurrido, vas a elgirla y la matan para vos? la experiencia no debe ser menor y entiendo de sobremanera lo que te pasa. yo hubiera hecho lo mismo, en cuanto a tranquilizarme viendo que puedo comprar de todo y gracias al mundo globalizado!!! ademas vos entendes de alimentos de varias partes del mundo lo que te facilita la eleccion y variedad.
segui dandole al blog y quizas sea lindo que incluyas algunas fotitos.
Te mando un besote enorme y estoy seguro que esta experiencia va a ser de enorme enriquecimiento para todos. El blog casi sirve para que yo entienda a que te dedicas!!! me alegro que hayas dejado de vender tarjetas de navidad....

Anónimo dijo...

la concha de tu hermana, se ves que estas en el africa y al pedo,
como haces para escribir tanto???

me imagino que sabes quien escribe...

saludos de los caribus

Anónimo dijo...

me opongo a la : moderación de los comentarios
por la libre expresión de los lectores de blogs!
por blogs sin censura !
sino tendríamos los lectores que tener una sección aparte dónde leamos lo q el bloguista intenta escribir, para decidir , si lo publica o no !
Por fin un Hernan Casciari en la flia.!
grande ernesto comenzaste una nueva carrera !!!!!!!!! de esto too podes vivir . Mirta Lazzarini

Anónimo dijo...

Que lindo escucharte, perdón, leerte!!!!!
Yo creia que no iba a ser fácil comunicarnos estando vos en Africa.... quizás la sorpresa sea que va a ser mejor que en Canadá, por lo menos hasta que estén allí, Sole y los chicos y se te acabe el tiempo libre.
Me había asustado pensando que solo había 3 canales de televisión, pero veo que se las arreglan, ¿los ves por internet?
Mientras tanto..... seguí participando.
Besos. Chichí

Soledad dijo...

Muy bueno!!! así me voy poniendo en clima..... cada ve me dan más ganas de ir!
tengo un regalo para que cada vez te salga mejor tu blog!
besos

Hilda Elena dijo...

Hola Ernesto!! Gracias por hacer mis trasnochos con la Dominique mas divertidos!! jejejeje al menos se que no soy la unica a esta hora en la Compu!!! Por aqui te digo que ya viene el friiiiiiiiiiiooooooooo!! Ya veran las fotos de nosotros comiendo nieve!! y la Sole que no se olvide de poner sus fotos en la piscina con el sol de fondo para hcernos pensar que el sol existe aunque se vaya de aqui!!!!
Un Besote!!! Y tranquilo que la Sole pronto irá a cocinarte sus platos deliciosos y los niños irán a pegarte los ultimos virus de moda!!! jejejejeje Bienvenido al mundo de los blogs!!!

Anónimo dijo...

me emociona que te acordaste de mi comiendo Knödel.
Tu abuelo Valentin estaría muy contento con tu vida aventurera, nos cantaba mucho la canción : "Wem Gott will rechte Gunst erweisen, den schickt er in die weite Welt "...... pero cómo no te llevaste un pullover de lana? Besos de tu madre, que puede nachvollziehen Deine Erfahrungen!

Anónimo dijo...

SOMOS MONICA Y DAVID, NOS HEMOS UNIDO A TUS RELATOS EN NAMIBIA... ALGO ASI COMO LAS MEMORIAS DE AFRICA, EN VERSION ACTUALIZADA... JE JE. DESDE AQUI UNOS PARALELOS MAS PARA ARRIBA Y UNAS LATITUDES MAS PARA LA IZQUIERDA... ESTAREMOS PENDIENTES DE LO QUE OCURRE BAJO ESE CIELO QUE TE COBIJA...

Anónimo dijo...

Excelente Ernesto!! Ayer leí una parte del blog y lo estuve comentando con mi mujer, y hoy leí el resto y le estoy pasando el link porque la verdad es que tu blog no tiene desperdicio pibe!!
Espero que las cosas se vayan acomodando, aunque no del todo así seguís aportando comentarios jugosos!
Abrazo desde unos cuantos kms de distancia.
Tu amiguito de la infancia, Moto